
Bonitos predadores
Imagina que eres una almeja a la que atrapa un monstruo sin cabeza con sus múltiples tentáculos, para acabar arrancándote el caparazón del cuerpo con sus cientos de ventosas diminutas. Después, la estrella de mar te desgarra el estómago y termina devorándote mientras todavía estás vivo. ¡Para un molusco, la vista de una estrella de mar hambrienta es algo aterrador!




